Ciancio Valentina | ¿Qué es yo?

¿Qué es yo?


Mi “yo” está determinado por una variedad de cosas, pero principalmente por la firme creencia en las cosas bellas de este mundo. La belleza no desde una mirada material, de posesión, sino esencial. Desde obras de arte hasta el reflejo de la luz de la tarde en la pared de mi pieza, todo lo que me rodea tiene una belleza digna de ser admirada. Hay quien opina que la romantización de la vida es una forma de evasión de la realidad, pero yo no pienso lo mismo: elijo guiar mi forma de ver el mundo a través del encanto de las cosas, de los momentos, apreciando los instantes más hermosos de la cotidianidad, sin ignorar tampoco los pesares de la vida.


Mi “yo” está construido sobre una base de valores que intento nutrir y pulir día a día, para poder estar cada vez más convencida de estar sobre el camino correcto. Creo absolutamente en la búsqueda de la igualdad en todos los niveles, sea de género, social o económica, a mayor o menor escala, y el trabajo que perseguir estos objetivos requiere. Esta construcción constante de mis opiniones, creencias y puntos de vista necesita de otros que me guíen y me ayuden a formar a la mejor versión posible de mi “yo”, ya que sin una comunidad, sin gente que me rodee y me nutra, no podría ser quien soy hoy.


A lo largo de mi vida (aunque se evidencia especialmente en el ámbito académico), siempre sentí la necesidad de cumplir con las expectativas que me eran impuestas, y si era posible, superarlas. Así aprendí que la autoexigencia puede ser tanto una bendición como una condena; que el límite entre la superación personal, el hacer más y llegar más lejos y la sensación de insuficiencia o cansancio mental, era demasiado fino, y en muchas más ocasiones de las que me gustaría, lo había cruzado sin darme cuenta. Esa quizás sea una de las características negativas de mi “yo”, en las que intento trabajar constantemente para poder contrarrestarlas y poder aliviar ese peso.


Mi “yo” es esencialmente creativo, artístico y observador, y el color azul es mi preferido (específicamente en sus tonalidades más claras). Pero no sólo por ser estéticamente agradable sino por lo que representa. La psicología del color diría que es un color que evoca tranquilidad, paz, confianza; pero para mí significa también un cielo despejado, un cuerpo de agua en el que puedo nadar. Que dicho sea de paso, siempre percibí una relación particular con el agua, especialmente en los momentos de tristeza, ansiedad o distintos sentimientos negativos, donde al sumergirme era como si los estuviera limpiando o purgando, para al final poder sentirme mejor. Admito que puede parecer alguna idea medio extraña del tipo de las creencias new age, pero por alguna razón que desconozco, funciona en mí.


Mi “yo” es profundamente melancólico y sensible. No como un rasgo negativo de perpetuar el pasado y estar estancado en un tiempo que ya no existe, sino evocativo; me gusta recordar momentos, personas o situaciones, y es especialmente agradable cuando un aroma, una imagen, una película o una canción lo hacen por mí. Las fotografías analógicas y la ropa vintage entre otras cosas, son tesoros para mí, vestigios de gente que pasó por este mundo que hoy puedo admirar, con lo que me puedo vestir y construir mi imagen en la actualidad. Lo siento como si estuviera trayendo un pedacito de historia a la vida y llevándolo conmigo. Una vez leí a alguien que decía que cada vez lloraba más en los recitales a los que iba, porque a medida que pasaba el tiempo iba asociando más canciones a más personas que marcaron su vida de una u otra forma, y creo que eso es algo hermoso. Llevamos con nosotros a la gente que nos importa a donde sea que vayamos, y los recordamos de estas maneras.


Mi “yo” pertenece a la ciudad. La velocidad, el caos, la gente, el ruido constante, la metrópolis, siempre en movimiento, siempre corriendo hacia algún lado, siempre llegando tarde. Caminando por las calles rodeada de altísimos edificios, esquivando autos e insultando a los conductores desvergonzados, apurándome para alcanzar un colectivo, ahí me siento en casa.


Mi “yo” es argentino. Es de Buenos Aires, específicamente del conurbano bonaerense. Amo a mi país, nuestra gente, nuestras costumbres, nuestra música y nuestro cine. Este país y su forma de ser me moldearon de manera irreversible, a donde sea que vaya llevo mi identidad con orgullo, porque puedo ser muchas cosas, pero antes que nada soy argentina. Mi barrio, sus calles y sus empedrados desparejos, las casas bajas y las nuevas construcciones que destacan por su modernidad y generalmente mal gusto. Toda la historia de mi “yo” se encuentra acá.

Comentarios

  1. Muy interesante relato. Considero que está en consigna y se aborda de forma más allá de lo descriptivo y superficial para dar lugar a metáforas y cierta poética a lo largo del texto. Tuve cierta percepción de lectura "armoniosa" a medida que lo leía desde el principio hasta el quinto párrafo, a partir del cual, en los dos últimos percibí una ruptura del ritmo, pero intentando articularlo con los párrafos anteriores. Al ser un relato reflexivo y en retrospectiva sobre tu "yo", sobre tu propia esencia, lo comprendo perfectamente y lo respeto. Considero bien lograda la redacción del texto y con una profundidad notable. [N+]

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