Los problemas que surgio en clases
El desarrollo de la clase nos sorprendió con desafíos que no habíamos previsto, convirtiéndose en una prueba no solo académica, sino también interpersonal. Desde el momento en que se nos asignaron grupos con temas específicos a resolver, la atmósfera cambió, haciéndonos conscientes de que el día sería mucho más complicado de lo que imaginamos. Lo que parecía ser una tarea más, pronto se reveló como una oportunidad para confrontar lo desconocido, adaptarnos a las dinámicas de los demás y, a la vez, poner en juego nuestras habilidades individuales sin perder de vista el esfuerzo colectivo. La clave no estaba solo en completar la tarea, sino en lograr un equilibrio entre lo que cada uno podía aportar y lo que el grupo necesitaba para avanzar.
La incertidumbre fue el primer obstáculo. Nos encontrábamos inmersos en un ambiente donde cada idea parecía flotar sin encontrar un lugar sólido en la conversación. Miradas que buscaban respuestas en los demás y silencios que reflejaban el temor a equivocarse, crearon un clima de inquietud. La tendencia natural fue mirar a nuestro alrededor, esperando que otros grupos nos ofrecieran una especie de mapa, una señal de por dónde empezar. Sin embargo, esa búsqueda externa solo incrementó la sensación de desorientación: cada grupo tenía su propio ritmo, su propia forma de abordar el problema, y eso nos hizo comprender que no había un único camino correcto. Este descubrimiento, aunque inquietante al principio, se convirtió en el primer paso hacia el entendimiento de que debíamos encontrar nuestra propia manera de trabajar juntos.
El silencio inicial no solo era incómodo, sino también revelador. Mostraba nuestro miedo a exponernos, a ser quienes propusiéramos una idea que no fuera bien recibida. Nadie quería romper el hielo, hasta que uno de nosotros tomó la iniciativa. Ese primer paso fue crucial, no porque trajera la solución inmediata, sino porque liberó la tensión acumulada, permitiéndonos empezar a movernos. A partir de ese momento, las ideas empezaron a fluir, aunque tímidas y cautelosas. Este proceso nos recordó lo importante que es el valor de dar el primer paso, de lanzarse, incluso cuando no se tiene la certeza de estar en lo correcto.
A medida que el grupo avanzaba, emergía un nuevo reto: la diversidad de perspectivas. Si bien la variedad de enfoques era un recurso valioso, también generaba fricciones. Cada miembro del equipo tenía su propia manera de ver el problema, y lo que inicialmente parecía una ventaja, pronto se transformó en un terreno de tensión. Las discusiones se prolongaban en ocasiones, no porque no hubiera ideas, sino porque no lográbamos encontrar un punto medio que satisfaciera a todos. Aquí, la habilidad de dialogar y, sobre todo, de escuchar se volvió esencial. Aprendimos que más allá de defender nuestras posturas, era vital estar dispuestos a ceder y a abrirnos a enfoques diferentes. La flexibilidad no se trataba de renunciar a nuestras ideas, sino de integrarlas en una visión más amplia y compartida.
El tiempo, por supuesto, era otro factor que añadía presión. La constante amenaza de no llegar a cumplir con la tarea en el plazo establecido nos obligaba a replantearnos cómo distribuíamos nuestras energías. El afán de querer hacerlo todo perfecto nos llevaba a veces a perder de vista lo fundamental, a complicar las cosas innecesariamente. Tuvimos que aprender a priorizar, a confiar en las habilidades de cada uno y a delegar responsabilidades de manera efectiva. Este ejercicio de confianza, aunque necesario, no siempre fue sencillo, especialmente cuando implicaba dejar en manos de otros una parte esencial del trabajo.
Finalmente, tras momentos de tensión y aprendizaje, llegamos a una solución que, aunque no perfecta, cumplía con los objetivos. Lo más valioso no fue el resultado en sí, sino lo que descubrimos en el proceso. Entendimos que el trabajo en equipo no es solo una suma de esfuerzos individuales, sino un delicado equilibrio entre comunicación, confianza y adaptación.
"Es casi Nivel - (N-) plantea los sucesos de la clase de forma descriptiva y no establece muchas relaciones. Solo por el final se encuentra una reflexión, pero carece de personalidad. Profundizaría un poco más eso".
N
Joaco G.
Y quizás lo más importante fue reconocer que la presión, lejos de ser un obstáculo, puede ser una fuerza constructiva si logramos canalizarla adecuadamente. Nos impulsa a salir de nuestra zona de confort y a encontrar soluciones que de otro modo no habríamos considerado. Pero entrando en más profundidad uno cuando esta en un lugar nuevo con personas nuevas que no conoces un poco esta a la defenciva o en la expectativa de todo porque quien te da la segudidad de que el otro sea de tu agrado o compartan mismos pensamientos o gusto. ¿Las personas somos seres sociables pero porqué? ¿porqué con algunos tenemos mas conexión que con otro? ¿porqué a algunos le gusta más exponerse ante otro? Poder trabajar en grupo es una habialidad que se trabaja algunos se resualta mas facil y a otros no, y prefieren ser el lobo solitario.
Para unificar todo este tema de trabajar con personas que no conocemos y crecer como grupo, tenemos que saber que uno debe seder siempre, uno tiene que ser el valiente que le pone el pecho a las valas para cortar con el silencio, pero siempre en los grupos estan los que son mas callados y los que tienen una gran demanda de pensamientos o ideas para aportar en el grupo, esa diversidad que se vive en cada grupo es lo que nos hace tomar un papel o un rol.
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