Clase 07 | Isabel Ochoa
Clase 07 | Isabel Ochoa
Durante la última clase de Heurística nos hicieron seleccionar un problema personal que me trajo muchas, pero muchas reflexiones.
El problema que yo elegí era uno de mi ámbito laboral. Es algo que me tenía muy enojada desde hace días debido a una serie de acontecimientos ¿Viste que el dicho dice que no hay que mezclar familia y dinero? Pues yo lo mezclé indirectamente y me salió pésimamente mal. Tengo una situación familiar con un pariente muy delicada, y es algo que a largo plazo tengo que intentar solucionar .Como sujeto percibo que algo debe cambiar porque es una situación que se da por hecho. Mi conciencia me pide a gritos que no puedo seguir así. Hasta en mis peores sueños me persigue este problema, porque me siento constantemente estancada por él. Algo que tenía que ser simple y fácil tomó muchísimas responsabilidades.
Es realmente un problema detonante, como decía el profesor. Estoy resignada ya hace mucho tiempo a soportar esta situación hasta graduarme. Pero aún no sé como manejarme al respecto. De lo que sí estoy segura es de que debo iniciar a buscar otro trabajo. Porque cada vez se vuelve una carga más y más pesada para mi. Me deja estancada en el tablero del juego de la vida y no me permite avanzar de casillero. Me obliga a tomar decisiones que a mi no me gustan y me vuelve miserable en cierto punto.
Dicho esto, terminé armando el módulo del sentido de mi problema personal. En palabras concretas: Tengo un trabajo que es muy bueno. Soy asistente de una persona mayor. Pero este susodicho es tan, pero tan miserable, que yo no lo soporto más. Y eso me envenena en el espíritu y en el día a día, me deja muy enojada y con pésimo humor, y no me sirve. Me suma porque me brinda un excelente sustento económico, pero me resta en el ámbito laboral-emocional.
La pregunta clave que me hice dentro de este contexto fue: ¿Por qué aún no me fuí de este trabajo? Y mi respuesta ya la tenía: aún no renuncié porque estoy en un momento donde no puedo permitirme estar en crisis económica. Estoy esperando a conseguir otro trabajo para poder irme tranquila. Y además, este susodicho necesita de mí en estos momentos. Entonces también me da pena abandonarlo cuando está pasando una situación complicada con su salud.
Dato de color: Actualmente, luego de haber hecho este ejercicio, pude procesar el hecho de que realmente estaba muy enojada con este asunto. Así que luego de hablar con el grupo y mi asistente de cátedra, finalmente me decidí y me puse a buscar trabajo. Comprendí que no me servía de nada seguir poniendo excusas. Hace mucho tiempo que lo debí haber hecho, y no lo hice por estar en un lugar “cómodo”, donde me acostumbré a las complicaciones y los malos tratos.
Reconozco que haber hecho esta bajada escrita me sirvió de mucho para entender cual era mi problema y por qué estaba todo el tiempo tan enojada.
Muchas gracias.
Luego hablamos del problema detonante grupal. Ahí encontramos otro punto que también me afectará dentro de poco.
¿Por qué se lo desconoce de tal manera al diseñador gráfico que solo “hacemos cosas lindas”? O ¿”Hacemos dibujitos”? Hay cierta mitificación que envuelve la carrera. Como dije en una publicación hace 2 semanas: los padres no entienden cuando su hijo estudia diseño gráfico. Casi nadie los conoce por no ser parte de la industria. Supongo que tendrá que ver con que es una carrera joven con casi 30 o 40 años en curso. Me cuestiono seriamente todo el tiempo como es que se nos desconoce tanto.
Los externos a la profesión creen que hacemos magia. Que sacamos las cosas de la galera así nomás y no entienden que cada proceso de diseño lleva su determinado tiempo. El diseño es estratégico, integral y flexible, pero para que tenga ese tipo de características necesita dedicación y constancia. Se necesita un ambiente que apoye a la evolución del diseño hacia adelante y acompañe al error y prueba, sin que deje de ser beneficioso para el cliente como los diseñadores.
Es difícil buscarle una solución a la problemática que veíamos nosotros. Mientras más hablábamos más notamos que falta algo en la profesión del diseñador gráfico. Lo que le falta es “la solidez” que tienen las carreras como ingeniería o arquitectura. Ese conocimiento universal que tiene la gran mayoría sobre los tipos de carrera, que no te hace cuestionar qué hacés en esa profesión.
La mitificación alrededor de la carrera del Diseñador Gráfico está muy “de la mano” con el estereotipo que surge alrededor de la profesión. Mis mejores amigos de toda la vida (que ya no son tan amigos, si me tengo que sincerar) me molestaban con que iba a trabajar en Mcdonalds porque iba a morirme de hambre, porque supuestamente el diseñador gráfico era un don nadie que le gustaba el arte y que no conseguía trabajo.
Sinceramente, me acuerdo de esto y me sigue dando rabia. En su momento no me animé a callarles la boca porque éramos más jóvenes, pero ahora me parece totalmente irrespetuoso hacia mi trabajo, mi esfuerzo y mi profesión. Si queremos que la mitificación desaparezca, hay que pelear contra esta contrapostura hacia nuestra disciplina, y dejar en claro que no somos una carrera despreciable.

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