Clase 3 - Victoria Boggon
A diferencia de las dos clases anteriores, en esta tercera clase no pude estar presente. Sin embargo, un compañero me relató lo sucedido y, a través de su relato, logré captar el ambiente de trabajo que se había generado en mi ausencia. Parece que el grupo en el que veníamos trabajando había dado un paso importante hacia una mayor cohesión y fluidez, lo cual me hizo reflexionar sobre cómo se había fortalecido la dinámica que tanto me había costado aceptar en los primeros encuentros.
Mi compañero me explicó que el objetivo de la clase fue, una vez más, trabajar en grupo, esta vez utilizando las frases que cada uno había aportado previamente. A diferencia de la clase anterior, el vínculo entre los integrantes ya estaba más afianzado, lo que facilitó que el trabajo avanzara con mayor rapidez.
La consigna de la clase fue clara y sencilla: seleccionar frases relevantes de las que cada uno había aportado, clasificarlas y reflexionar sobre su influencia en el proceso creativo. Según lo que me explicó mi compañero, este proceso de selección y análisis se realizó de manera orgánica. Sin discusiones prolongadas, el grupo se puso de acuerdo rápidamente. La estructura de trabajo ya estaba establecida y parecía que cada uno sabía exactamente qué hacer y cómo contribuir.
Una vez seleccionadas las frases, el siguiente paso fue clasificarlas en tres categorías: aquellas que afectaban directamente al proceso creativo, las que lo hacían de forma indirecta, y las que tenían una influencia análoga o simbólica.
Esta clasificación me hizo pensar en las distintas formas en que los comentarios y observaciones pueden incidir en nuestro trabajo, ya sea alterando de manera inmediata una tarea específica o generando efectos menos obvios, pero igual de importantes, con el tiempo.
Según me explicó mi compañero, una frase directa podía ser algo tan concreto como una observación precisa o una corrección, algo que afectara inmediatamente el curso del proyecto. Por ejemplo, en un ámbito laboral, recibir un comentario como "este diseño necesita más espacio en blanco" es una observación específica y de fácil interpretación, que dirige el flujo del trabajo de inmediato, pues sugiere una modificación concreta que puede aplicarse sin demasiado análisis.
Las frases indirectas, en cambio, eran más generales y no tenían un impacto tan inmediato, pero podían influir en el proceso de manera sutil. Tal vez un comentario sobre el enfoque o la dirección del proyecto, como “sería bueno que el diseño transmita mayor cercanía” o “esto debería sentirse más accesible al usuario.” Este tipo de observaciones, aunque más vagas, pueden cambiar la forma en que abordamos el proyecto porque nos impulsan a pensar en un cambio de percepción o en ajustes a largo plazo, que no están atados a una sola acción específica. Aquí, la interpretación es fundamental, ya que depende del diseñador decidir qué ajustes realizar para reflejar esa cercanía o accesibilidad. Aunque no hay una respuesta concreta, estas frases pueden modificar la perspectiva del equipo y orientar la visión global del diseño de una manera más profunda.
Finalmente, estaban las frases análogas o simbólicas, que son las más difíciles de categorizar. A diferencia de las frases directas e indirectas, estas no ofrecen una instrucción específica o un comentario estructurado, sino que generan una sensación o reflexión en quien las escucha. Pueden ser frases como “este diseño debe sentirse más orgánico” o “falta ese toque que lo haga único.” Aunque no son observaciones prácticas ni precisas, dejan una huella en la mente del diseñador, plantando una idea o un sentimiento que, con el tiempo, puede modificar su abordaje de una forma mucho más conceptual y menos evidente.
Según mi compañero, llegaron a la conclusión de que el impacto de una frase no solo depende de su contenido, sino también de quién la dice, a quién va dirigida y en qué contexto se pronuncia. Es decir, no todas las frases tienen el mismo peso, y hay múltiples factores que influyen en cómo son recibidas. El tono de voz, la postura corporal del emisor, las dinámicas de poder entre los participantes... todo esto influye en la forma en que una frase es interpretada y en el efecto que tiene sobre el trabajo colectivo.
Un ejemplo de cómo una frase puede variar en su interpretación por estos motivos en el ámbito laboral podría ser el comentario: “Este diseño debería ser más contemporáneo.” Un diseñador podría interpretar esto de diferentes maneras, como simplificar las formas, añadir elementos visuales modernos o incluso cambiar la paleta de colores. Sin embargo, el cliente quizás estaba pensando en un cambio mucho más específico, como incluir un tipo particular de tipografía o añadir un detalle acorde a las tendencias actuales (según él). Aquí es donde la interpretación de las frases análogas puede complicarse; aunque la intención de quien emite el comentario podría ser clara en su mente, para el receptor no siempre lo es. La falta de precisión puede hacer que el diseñador invierta tiempo en ajustes que, al final, no cumplen con la expectativa original.
Este análisis de las frases y cómo impactan en el trabajo me hizo ver que no solo debemos atender al contenido de las observaciones, sino también considerar el contexto y el tipo de relación que tenemos con quien las emite. Aprender a interpretar estos distintos tipos de frases y comentarios es clave en el ámbito del diseño, ya que pueden afectar el proceso de maneras que no siempre son visibles al inicio, pero que se vuelven fundamentales en el resultado final.
- Positivo: Tiene principios para empezar, pero faltaria profundizar y no ser repetitivo.
- Ampliar: Por tema de la ausencia de la clase se nota que pudiste abordar el tema como se deberia. Lo veo algo superficial y capaz más descriptivo de como es el grupo y la clase
Marisol Chen
Comentarios
Publicar un comentario