Clase 5 - Victoria Boggon
Después de haberme ausentado por dos clases debido a cuestiones personales, finalmente volví a asistir a la quinta clase de heurística. Sabía que esta clase era clave para ponerme al día y, sobre todo, para volver a sentirme conectada con mis compañeros y el contenido de la cursada. Por esto, desde el primer momento, decidí aprovechar al máximo la oportunidad y, cuando llegó el momento de que alguien modelara frente a todos, no dudé en ofrecerme.
El tema de la clase giraba en torno al concepto de modelos, pero no solo en el sentido tradicional o académico. Empezamos desde una reflexión profunda, tanto personal como grupal, acerca de qué consideramos un modelo en nuestras vidas. Analizamos no sólo personas, sino también frases, creencias, lugares y actitudes que, de alguna forma, se convirtieron en referentes para nosotros. Esta fue una actividad que me resonó mucho, ya que, en mi proceso de formación como diseñadora y aspirante a directora de arte, constantemente estoy expuesta a distintos modelos que me influyen, a veces de manera inconsciente.
El primer paso de la clase fue exponer nuestras ideas sobre qué es un modelo. Cada uno de nosotros compartió sus reflexiones, y rápidamente nos dimos cuenta de que el concepto era mucho más amplio de lo que habíamos imaginado. Al principio, muchos mencionamos a personas como modelos a seguir, pero luego comenzamos a incorporar frases, lugares y actitudes que también nos inspiran y guían en nuestro día a día. Fue revelador darnos cuenta de que adoptamos estos modelos casi sin cuestionarlos. Personalmente, descubrí que interioricé muchos referentes y modelos sin detenerme a pensar en su origen o en cómo fue que llegaron a influenciarme.
A medida que continuábamos la actividad, comenzamos a agrupar nuestras ideas en diferentes categorías: personas, frases, creencias, lugares, entre otros. Este proceso de clasificación me llevó a visualizar el concepto de "modelo" como un sistema solar. Cada modelo es como un planeta que orbita alrededor de un sistema mayor, que sería nuestra personalidad, creencias y forma de ver el mundo. Sin embargo, nos dimos cuenta de que, muchas veces, solo observamos algunos de esos planetas sin detenernos a considerar el sistema completo. Esto me ayudó a comprender que un modelo no es algo estático o limitado a un solo aspecto de nuestra vida, es un conjunto de influencias que interactúan y se complementan entre sí.
Al analizar estos "modelos" de manera más consciente, me di cuenta de que muchos de los que adopto provienen de mi entorno: la facultad, mi familia, los artistas que admiro, e incluso figuras o frases que no experimenté directamente, pero que, de alguna forma, llegaron a formar parte de mi sistema de creencias. Este análisis fue un momento crucial para mí, ya que me llevó a cuestionar la base de muchas de mis convicciones. ¿Por qué pienso de esta manera? ¿De dónde provienen estas ideas? ¿Son realmente mías o simplemente las adopté sin darme cuenta? Fue como abrir una caja de Pandora mental que me hizo replantear mis referentes y mi identidad como diseñadora.
En la segunda parte de la clase, pasamos a un ejercicio grupal que nos desafió a crear lo que llamamos el "Modelo FADU". Fue una tarea interesante porque, a través de ella, nos dimos cuenta de que, como estudiantes de la misma facultad, compartimos una serie de referentes y características que nos definen colectivamente. Cada uno aportó lo que consideraba esencial para el estudiante "modelo" de la FADU, y las respuestas fueron muy reveladoras. Entre ellas surgieron elementos como la falta de descanso, la constante presencia del mate y el clásico tostado arabe.
Lo que más me llamó la atención de este ejercicio fue cómo, al describir al estudiante modelo, estábamos también describiéndonos a nosotros mismos. Este modelo compartido reflejaba no sólo nuestras experiencias individuales, sino también la influencia que la carrera tiene en cada uno de nosotros. Probablemente, si alguien de otra carrera hubiera estado presente en nuestro grupo, el modelo habría sido completamente distinto. Esto me hizo reflexionar sobre cómo nuestras carreras académicas también son un modelo que seguimos, ya que nos moldean y nos influyen en más niveles de los que podemos notar a simple vista.
Finalmente, al concluir la clase, quedé con una sensación de introspección profunda. Esta clase me permitió no solo identificar los modelos que sigo, sino también cuestionar por qué los sigo y cómo estos llegaron a formar parte de mi identidad. Reconocí que muchos de los modelos que adopto en mi vida diaria no son conscientes, sino que fueron asimilados casi por inercia, ya sea por mi contexto familiar, académico o incluso por influencias culturales más amplias. Este ejercicio me ayudó a visualizar que, como casi diseñadora, es esencial ser más crítica y consciente de los referentes que elijo, ya que estos no solo influyen en mi trabajo, sino en cómo me veo a mí misma y cómo quiero que los demás me vean.
En definitiva, esta clase fue una oportunidad valiosa para reconectar con mis compañeros después de mis ausencias y, más importante aún, para reconectar conmigo misma. Me ofrecí a modelar frente al grupo porque sentí que era el momento de salir de mi zona de confort, pero lo que no esperaba era que esta experiencia me llevaría a un nivel tan profundo de autoconocimiento. Al final del día, los modelos no son solo externos, también somos modelos de nosotros mismos y de los demás, y ese proceso de reflexión es continuo.
Interesante el abordaje del relato. Buena extensión y dimensión reflexiva sobre lo experimentado en clase. Se entiende el contenido presentado como un fenómeno complejo. El discurso se construye como un relato argumentado. Hay resonancias y cierto nivel crítico. ¿Podría encontrar más ejemplos pertinentes? ¿Hay referencias o bibliografía que sirvan para nutrir aún más el relato? [N+]
ResponderEliminar