Clase 5 | Carmela Vazquez
Hoy, la clase giró en torno a una idea que, aunque parecía sencilla, resultó ser mucho más profunda de lo que imaginaba: los modelos. Comenzamos reflexionando sobre qué entendemos por "modelo", agrupando nuestras respuestas en categorías como personas, frases o lugares. Lo curioso fue darme cuenta de que los modelos no solo se refieren a figuras o referentes que admiramos. También incluyen actitudes, creencias y comportamientos que muchas veces adoptamos sin siquiera cuestionarlos. Así comprendimos que a lo largo de la vida seguimos muchos modelos sin darnos cuenta.
Me hizo reflexionar sobre cuánto de lo que considero parte de mi identidad realmente proviene de influencias externas. Hasta ese momento, había asumido que “soy así” porque simplemente es mi naturaleza, pero durante la clase me di cuenta de que muchas de mis creencias y acciones están moldeadas por esos modelos que fui tomando, casi de manera automática, a lo largo de los años. Es curioso cómo muchas veces ni siquiera somos conscientes de cómo ciertas ideas o hábitos se infiltran en nuestra vida y definen nuestro comportamiento sin que los cuestionemos.
Al compartir estas ideas con el grupo, empezé a visualizar el concepto de modelo de una manera más completa, como si estuviera formado por distintos elementos que orbitan alrededor de mi identidad. Cada uno de esos modelos, aunque aparentemente independientes, funcionan como piezas de un rompecabezas que, al unirse, forman una imagen más amplia de quién soy. Era como si cada pequeño modelo fuera parte de un sistema más amplio que, en conjunto, me define. Como si todas esas influencias estuvieran entrelazadas de manera sutil, guiándome, pero también limitándome, en el camino que elijo tomar. Pero también puedo elegir qué modelos quiero conservar y cuáles no, y eso, en última instancia, me da la oportunidad de reconfigurar mi identidad de una manera más consciente y auténtica. Si todo lo que soy ha sido moldeado por factores externos, quizás también puedo moldearme a mí misma de manera más intencional, eligiendo los modelos que resuenen con la persona que realmente quiero llegar a ser.
Lo interesante fue identificar cómo todos estos modelos provienen de distintos lugares: la familia, la universidad, las cosas que consumo, incluso personas que admiro sin conocerlas personalmente. Esas influencias han estado ahí, marcando mi manera de pensar y actuar, aunque muchas veces no lo noto. Esta toma de conciencia me permitió empezar a cuestionar esas creencias que siempre había dado por sentadas. Ahora me pregunto: ¿Por qué pienso de esta manera? ¿De dónde vienen realmente estas ideas que definen quién soy?
Luego, como grupo, nos propusieron crear el "Modelo FADU". Cada uno compartió lo que consideraba esencial para un estudiante típico de nuestra facultad, y fue interesante ver cómo coincidíamos en varias cosas: la falta de descanso, la creatividad constante, el mate como compañero inseparable y los infaltables tostados del bar. Este ejercicio me ayudó a darme cuenta de que, al describir este modelo colectivo, también estábamos describiéndonos a nosotros mismos, no solo desde nuestra perspectiva individual, sino también a través de lo que los demás veían en nosotros. Era como un reflejo compartido de nuestras experiencias en la facultad.
Lo que me llamó la atención fue que este "Modelo FADU" no es algo que seguimos conscientemente, sino que se forma casi de manera automática por el entorno en el que estamos. Todos, al compartir el mismo espacio y la misma carrera, terminamos moldeándonos bajo influencias comunes. Si hubiera alguien de otra carrera en el grupo, seguramente su idea de "modelo" sería completamente distinta. Esto me dejó pensando en cuánto impacta nuestro contexto académico y social en las creencias que adoptamos, a veces sin darnos cuenta.
En definitiva, lo que más rescato de esta clase es la importancia de cuestionar esos modelos que seguimos de manera inconsciente. Al tomarnos un momento para reflexionar sobre nuestras creencias y comportamientos, podemos empezar a entender por qué somos como somos y si realmente queremos seguir por ese camino. Para mí, este ejercicio de introspección fue fundamental, ya que me dejó con la inquietud de si debería repensar algunos de esos modelos o buscar construir otros nuevos que se alineen más con quien realmente quiero ser.
N
Las partes que subrayé, junto con el último párrafo, fueron las situaciones más interesantes y reflexivas. Siento que esta bueno en su totalidad el relato pero sólo por el simple hecho de que debe tener más de 600 palabras y creo que no las tiene, lo haría un poco más extenso.
- Victoria Boggon
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