Clase 9 - Carmela vazquez

Hoy, después de una clase de corrección grupal que nos dejó con muchas ideas nuevas, nos sentamos a reflexionar sobre nuestro proceso a través del paso de las clases de Heuristica. Fue una clase donde vimos conceptos que ya habíamos puesto en común y escuchado, pero con una visión renovada, como si los miráramos desde otro ángulo. Hablamos de la estructura y el ritmo, del silencio necesario en el proceso creativo y de cómo el pensamiento en diseño fluye entre diferentes dimensiones: el sentir del pasado, la sensación del presente y la intuición hacia el futuro. Cada término resonó como un recordatorio de que el diseño es un viaje complejo, lleno de decisiones, reflexiones y momentos de conexión entre lo que sabemos y lo que descubrimos en el camino.


El concepto de “ritmo” fue el que me más me quedó resonando en la cabeza. Pensar en el diseño como un proceso rítmico, con pausas y aceleraciones, me hizo replantear cómo organizo mis ideas. Muchas veces, en mis procesos de diseño ya sean trabajo o facultad, siento que voy directamente hacia la ejecución y a cumplir la consigna, sin detenerme a escuchar lo que el proyecto necesita o cómo los elementos podrían dialogar entre sí. Este ritmo, que incluye momentos de pausa y reflexión, me recordó que en diseño no se trata solo de producir piezas de manera rápida linda y funcional, sino de dedicar tiempo a interpretar, organizar y entender cómo cada elemento se alinea con el mensaje final.


Muchas veces, los diseñadores somos vistos como “productores visuales” sin un rol significativo más allá de lo estético, como si solo pusiéramos las cosas ordenadas y un poco más lindas. Esto genera expectativas limitadas sobre nuestro trabajo, y la clase de hoy me ayudó a recordar que, lejos de eso, cada proyecto implica una serie de decisiones fundamentadas. El diseño requiere de una escucha activa y una interpretación profunda, en la que somos intérpretes y constructores de significados que pueden ir más allá de lo que se nos pide explícitamente. Esa pausa en el proceso, ese momento de reflexión, es el que permite que surjan preguntas, ajustes y decisiones que enriquecen el resultado.


Además, exploramos cómo los casos concretos en la historia del diseño nos ayudan a comprender el impacto de estas decisiones a nivel práctico. Para analizar esta idea, decidí enfocarme en el caso de Otl Aicher, diseñador alemán y creador del sistema visual para los Juegos Olímpicos de Múnich en 1972. Aicher desarrolló un sistema de pictogramas que no solo facilitaba la comunicación universal, sino que además estableció una identidad visual que ha influido en la señalización moderna hasta el día de hoy. Su trabajo es un claro ejemplo de cómo el diseño puede ser funcional, accesible y estéticamente atractivo al mismo tiempo.


Lo que encuentro fascinante en el trabajo de Aicher es su enfoque en la claridad y la simplicidad. En lugar de depender de palabras, Aicher utilizó formas y colores que guiaban a las personas sin importar su idioma o cultura. Este sistema organizado y racional no solo facilitaba la navegación en un evento tan caótico como los Juegos Olímpicos, sino que también establecía una estética que transmitía modernidad y apertura. Aicher logró que el diseño gráfico actuara como un lenguaje universal, mostrando que el diseño puede ser una herramienta de inclusión y comprensión a gran escala.


Este caso me inspira a pensar en el diseño como algo más que una solución rápida o una simple “pieza visual”. Aicher transformó un sistema de señalización en una identidad visual, creando algo que realmente impactó la experiencia de las personas y trascendió el evento para el que fue creado. Su visión de claridad, funcionalidad y estética es un recordatorio de que, como diseñadores, tenemos el potencial de organizar y simplificar el entorno, de hacer que la comunicación sea más accesible y significativa.


Este viernes me fui pensando en la importancia de detenerme y tomarme el tiempo para analizar cada etapa del proceso. Observar casos como el de Aicher me recuerda que el diseño puede ser un acto de organización que facilita la vida de las personas y cómo una idea innovadora puede romper con paradigmas previamente establecidos. Es una invitación a replantear mi rol como diseñadora y a ver cada proyecto como una oportunidad para aportar valor real, con significado y propósito, en un mundo que constantemente busca claridad y conexión.

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