Clase 9 || Isabel Ochoa
¿Podríamos hablar del nacimiento de la carrera de diseño gráfico en FADU UBA como un caso particular? Nos pidieron que habláramos de 2 casos. Solo se me ocurrió este de momento. La facultad es algo que ha abarcado gran parte de los aspectos de mi vida desde hace 5 años, y creo que analizar el caso desde la raíz a la actualidad cumple con la consigna.
La creación de Ciudad Universitaria fue una idea del señor Le Corbusier en una visita a Buenos Aires en 1929, trayendo un nuevo concepto que se estaba implementando en Europa. Fue atravesada por las ideas revolucionarias del Movimiento Moderno.
La FADU empezó siendo la FAU (facultad de arquitectura y urbanismo), y estaba unificada con Ciencias Exactas, Físicas y Naturales. Originalmente se situaba en La Manzana de Las Luces. Tuvo una serie de mudanzas conforme fueron necesitando más espacio para la cantidad de alumnos (en aquel momento solo necesitaban formar arquitectos) y nació oficialmente el 24 de septiembre de 1947.
Con esto, nacieron el resto de las carreras actuales: diseño gráfico, industrial, indumentaria, etc. De allí hasta acá, nuestra querida facultad ha tenido cada lucha que ha atravesado no solo su pensamiento académico sino su formación de profesionales. Somos productos de la facultad, su materia prima. Y cargamos el ADN de sus antecesores. Somos nietos de la Bauhaus, la primer escuela de diseño del mundo. FADU es el heredero por excelencia de la misma. Pero su contexto histórico y su lucha por los derechos estudiantiles es lo que ha marcado la diferencia. La comunidad ha pasado por muchas cosas (la noche de los lápices, Desaparecidos en dictadura, la vuelta de la democracia, recortes presupuestarios, etc.), y no ha dejado de bajar los brazos. Ni aún en este contexto inoportuno en relación a la situación presupuestaria a la que se enfrenta.
¿Cómo se formó la hermosa hermandad faduense? Eso es algo que no sabría explicar. Mi primera teoría es que ante tantas malas situaciones se fortaleció el espíritu estudiantil, y como “la unión hace la fuerza”, se formó una comunidad no solo muy unida, sino fortalecida por las amenazas exteriores.
Pero volvamos al eje central de la cuestión: ¿Es la creación y nacimiento de FADU un caso particular que afectó a mi persona? Podría ponerse en debate, pero yo creo que sí. La comunidad, el edificio y el personal de esta hermosa facultad me han atravesado desde el inicio de mi génesis hasta el final de mi apocalipsis. Han modificado mi ADN y me han vuelto un producto de la industria nacional. Soy una versión mejorada de un producto de la bauhaus: soy un producto FADU. Me da orgullo decir que voy a mi facultad. Que a nadie le queda duda. El sentido de pertenencia que he desarrollado a lo largo de estos últimos 5 años ha sido muy fuerte. Me he arraigado a los cimientos, me he adaptado y soy parte de su integración. He llegado al punto donde puedo ver a alguien con una carpeta A3 y pienso que es uno de los míos automáticamente.
Para mi es un caso particular, porque mi vida no sería lo mismo si no fuera por este atravesamiento que hizo en mi identidad. Tengo una fuerte atracción por la facultad. En ella deje de gatear en la vida y empecé a caminar. La carrera es mi primera novia tóxica: es mi prioridad número uno desde hace 5 años.
Gracias a ella aparecieron mis mejores amigos. Encontré tanto aliados como enemigos. Me enamoré no solo de sus pasillos llenos de stickers y garabatos, sino también de la atmósfera de medialunas calentitas y pegamento en barra. De los bancos rotos y las luces que no prenden. Aquí encontré a la gente que, espero, seguiré viendo por el resto de mi vida. Y como frutilla del postre te cuento que, contra toda expectativa, me terminé enamorando de otro faduense.
Mi lugar es solo en Fadu. Es mi casa. Mi hogar.
Maquetas, carteles, afiches, cámaras o maniquíes, es sinónimo de estudiante de la FADU. Es parte del modelo de estudiante del que hemos hablado antes. Nos reconocemos entre nosotros y entendemos de lo que hablamos. Tenemos un dialecto que nos unifica y terminologías que solo nosotros logramos comprender. Somos una especie particular, un mercado de nicho que es desconocido a la vista (salvo por el fenómeno del arquitecto. Ese si es conocido).
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