Grupo 12 | Clase 7 (27/09)
En la clase de hoy tratamos los problemas detonantes, que son aquellos que producen un cambio significativo, que le permiten a uno tomar posición como sujeto ante una situación. Es detonante, sí, pero hay que evaluar para quién, porque una característica clave es que no son universales. Lo que a uno lo mueve, quizás no signifique nada para otro. Existe entonces una relación entre el sujeto y el problema, el detonante está determinado por el sujeto, lo problematiza específicamente a él. Resolverlo de una manera u otra no da lo mismo, porque cada uno reacciona a los problemas de distintas maneras. Cada quien tiene un modelo de pensamiento diferente, y le hace resolver los problemas de diferente manera.
Teniendo esta introducción en cuenta, se nos pidió que de forma individual pensáramos lo que para nosotros era, o había sido en algún punto, un problema detonante. Así tuvimos que hacernos preguntas, describir el problema, definir máximas sobre él y finalmente construir un módulo de sentido, el cual estaba compuesto por el nombre del problema, una pregunta central (la cual no tiene respuesta) y finalmente una afirmación, una máxima.
La segunda parte de la actividad resultó muy similar a la primera, pero esta vez iba a ser de forma grupal. Se nos pidió que compartamos lo que habíamos reflexionado en la primera parte de la clase en solitario, y que en base a eso formuláramos un problema detonante grupal, que nos interpelara a todos. Podíamos combinar varias ideas, tomar una sola y expandirla, o crear algo desde cero. Así, tomando varios conceptos de lo que habíamos debatido, combinándolos y con más debate de por medio, llegamos al problema que lo nombramos “El rol del diseñador en el mercado laboral actual”.
Las preguntas o rasgos que surgieron en base al concepto fueron cinco: la primera: “evitar convertirse en un delivery de piezas”, porque sentimos que es muy fácil hoy rebajar el trabajo del diseñador de alguien que tiene la capacidad de crear, pensar de forma integral para resolver un problema de forma innovadora, a únicamente pedirle que cree piezas, que constantemente escupa contenido vacío pero “bonito”. La segunda pregunta fue “sabemos lo que queremos y lo que no, pero ¿es real? ¿Existe en algún lado?”, porque mientras charlábamos nos dábamos cuenta que si bien nuestras experiencias trabajando eran diferentes, en muchas cosas eran similares, como era este caso, donde todos estamos seguros de lo que nos gusta hacer, lo que disfrutamos y nos identifica como individuos diseñadores, pero estamos subyugados a las exigencias del mercado, que resulta ser algo totalmente estandarizado y no suele haber mucho lugar para la creatividad. La tercera pregunta era “¿El mercado sabe que el diseñador no sólo hace “cosas lindas”?”, y la cuarta, “¿cómo desmentir el prejuicio de que el diseñador sólo hace “cosas lindas”?. La quinta y última pregunta estaba relacionada con la segunda, y era “¿Cómo consigo romper la casilla impuesta y lograr desarrollar lo propio?”
Las máximas que establecimos sobre nuestro problema detonante fueron “el menosprecio a partir de la ignorancia sobre la disciplina”, “el diseñador está formado de manera integral/proyectual” y “no solamente somos operarios de mouse”. Así, el módulo de sentido quedó conformado: “El rol del diseñador en el ámbito laboral actual, ¿Cómo podemos desmentir los prejuicios que existen en torno a la profesión? No somos solamente un delivery de piezas”.
La discusión sobre el problema detonante del rol del diseñador en el mercado laboral actual no solo refleja una inquietud compartida por muchos profesionales, sino que también plantea la necesidad urgente de redefinir la percepción del diseño como una disciplina integral y estratégica. Más allá de crear "cosas lindas", el diseñador tiene la capacidad de abordar problemas de manera holística, contribuyendo con ideas innovadoras que trascienden lo estético y responden a demandas profundas. Este proceso de redefinición implica educar tanto al propio mercado como a los mismos diseñadores, quienes deben resistir la tentación de conformarse con roles limitados y seguir luchando por ocupar espacios de creatividad y pensamiento crítico. En última instancia, el verdadero desafío radica en equilibrar la capacidad del diseñador para cumplir con las exigencias del mercado sin perder de vista su poder transformador y proyectual, generando un impacto más allá de lo superficial y estandarizado.
Firmas:
Valentina Ciancio
Daniel Trujillo
Joaquin Garcia
Victoria Boggon
Isabel Ochoa
Carmela Vazquez Durrieu



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