Temas y problemas...

Ya teniendo muy en cuenta lo que nos había convocado la clase anterior en relación a los modelos y la profundidad con la que lo abordamos, hoy nuevamente parecía ser emocionante lo que podía surgir en clase, y de hecho, lo fue. Un “tema” puede ser un concepto, tópico, contenido, unidad o recorte, y se corresponde normalmente a afirmaciones. “Problema”, palabra hacia la que muchos seguramente pueden sentir cierta disonancia, discordancia o rechazo, en la vida del diseñador es posiblemente, el día a día. No porque sienta afinidad por el problema en sí mismo, sino porque estos representan “obstáculos” y la noción de que "algo debe cambiar". El cambiar algo, mejorarlo, transformarlo, tratarlo, intervenirlo, resignificarlo sería la razón de ser que responde a la visión que posee el diseñador respecto a un problema de diseño. Estas dos palabras son el tema principal de hoy y las venimos trabajando ampliamente durante todo nuestro recorrido, y en un sentido más amplio, se puede decir que todo el tiempo estamos inmersos en temas y problemas. Incluyendo la cotidianidad.



Se suele decir que hay problemas bien y mal definidos. Los bien definidos son precisos, concretos. Luego los mal definidos no están claros, parecieran ser confusos. Estos últimos suelen estar muy vinculados con el diseño. Volviendo, problema es la percepción de que una situación no puede continuar de esa manera. Es una percepción. Es una situación que tiene que ver con los individuos, no con la naturaleza, sino con los sujetos racionales. Lo “Detonante” se relaciona a lo inmediato, explosivo, altamente llamativo, que tiene la capacidad de transformar y generar un impacto, incluso un antes y después. Un problema detonante constituye una noción poderosa que convoca al diseñador a reflexionar, proyectar y poner manos a la obra en un determinado proyecto. Cuando un problema tiene un nivel significativo de transformación, es un problema detonante. Ante estos, las posibles resoluciones se van haciendo más claros durante el proceso.

Tenemos la capacidad de distinguir qué es tema y qué problema. Economizar. No problematizo ciertas cuestiones básicas o que no convienen problematizar, porque hay muchas otras cosas que deben ser resueltas. Existe un marco “estable”, elementos que deben mantenerse constantes que suelen ser fundamentales para pasar a resolver lo demás, sujeto a cambio. ¿Por qué nos interesan buscar estos problemas detonantes? Porque son los que nos movilizan, los que nos hacen buscar soluciones distintas. No lugares comunes. Descubrir. Problematizar situaciones que antes no se habían problematizado. Esto no es universalizado, es detonante para alguien en particular. Depende de su proceso. El detonante es como un “Eureka”. Una circunstancia diferente. Siempre en relación al sujeto.





El ejercicio en clase fue en consonancia con todo esto y estaba bien estructurado a través de un paso a paso. En mi caso como diseñador gráfico, un buen problema detonante es el diseño de una identidad institucional o de marca disruptiva, es decir, un diseño de imagen que responde a la identidad de una empresa, entidad, agrupación o marca con un carácter y formas de comunicarse que salen de lo ya visto, que se posiciona desde un lugar distinto, y que es contrastante con lo convencional, tradicional y común. Constituye un problema detonante precisamente porque me moviliza insistentemente hacia su planteamiento y posible resolución a través de un proceso laborioso. ¿Cómo puede resolverse? ¿Con qué elementos? ¿Qué atributos debe poseer? ¿La propuesta responde al problema? ¿Tendrá el impacto deseado? Son sólo algunas de las interrogantes que surgen entorno a la problemática, y el hecho de que sea detonante es porque existe motivación, hay interés de buscar soluciones y transformarlo.

La identificación de un "problema detonante" no solo moviliza al diseñador hacia la búsqueda de soluciones innovadoras, sino que también establece el escenario para un proceso creativo que transforma el desafío en una oportunidad de evolución. Un problema detonante no es simplemente una barrera que debe superarse, sino un catalizador para la innovación y el descubrimiento, donde el diseñador es impulsado a romper moldes y generar propuestas únicas que trasciendan lo convencional. Este enfoque invita a cuestionar lo establecido y a ver cada proyecto no solo como una tarea a resolver, sino como un campo fértil para el crecimiento personal y profesional. Es precisamente en la intersección entre problema y creatividad donde el diseño se convierte en una herramienta poderosa de cambio.

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