Clase 11 - Joaquin Garcia
Aunque no pude estar presente en la clase, una compañera me contó en detalle lo que se trabajó y reflexionó. Gracias a su relato, logré entender la profundidad de los conceptos discutidos y puedo escribir sobre esta experiencia como si hubiese estado allí. El tema central fue el "juego social," un marco teórico que nos invita a pensar en nuestro papel como actores dentro de un entramado social donde se cruzan estructuras de poder, necesidades y satisfacciones.
Como diseñadores gráficos, formamos parte de este sistema en el que nuestro trabajo no ocurre en el vacío, sino en un contexto que requiere adaptación constante, negociación y un equilibrio entre lo que queremos expresar y lo que se nos pide. Según lo que me contó mi compañera, se analizó cómo las estructuras de comunicación y poder nos condicionan, y cómo las dinámicas de interdependencia, simultaneidad e historicidad afectan nuestras decisiones y procesos creativos.
En clase, se propuso reflexionar sobre estas cuestiones mediante preguntas que nos interpelaran como futuros profesionales. Una de las preguntas que surgió fue: “¿Las estructuras de poder guían o limitan la labor del diseñador?” Esta pregunta aborda una problemática que siento muy cercana: en muchos casos, los diseñadores no tienen el control final sobre los proyectos en los que trabajan. En cambio, deben seguir las directrices de superiores o clientes que establecen las prioridades. Esto genera una tensión entre el diseñador como "ejecutor visual" y el diseñador como agente estratégico capaz de aportar soluciones conceptuales y profundas.
Mi compañera también compartió ejemplos personales que me ayudaron a conectar con esta realidad. Por ejemplo, ella relató cómo al inicio en su trabajo solo se enteraba de los proyectos cuando ya estaban avanzados, y su única tarea era ejecutar las decisiones que otros habían tomado. Sin embargo, con el tiempo, logró hacerse un lugar en las etapas iniciales de los proyectos, aportando desde lo estratégico y conceptual. Su experiencia me hizo reflexionar sobre cómo este tipo de situaciones son comunes en el ámbito laboral, y cómo es necesario ganarse ese espacio para que nuestra voz como diseñadores sea escuchada.
Otro punto que me llamó la atención fue la discusión sobre la interdependencia en los equipos de trabajo. Mi compañera comentó que en la clase surgió la idea de que delegar tareas es como lanzarse a una pileta sin saber si está llena de agua o vacía: siempre existe un riesgo. Dependemos de los demás para que el proyecto avance en tiempo y forma, y cuando uno de los miembros no cumple con su parte, el resto del equipo debe asumir esa responsabilidad. Esto me recordó experiencias personales en trabajos grupales, donde la falta de compromiso de algunos compañeros terminó afectando el resultado final y generando tensiones dentro del equipo.
Además, reflexionamos sobre el concepto de necesidades y satisfacciones, un tema que me pareció fascinante. Según lo que me contaron, en clase se explicó que las necesidades humanas son universales y limitadas: subsistencia, protección, afecto, entendimiento, participación, creación, identidad, libertad, y ocio. En cambio, las satisfacciones son múltiples y dependen de cómo se abordan esas necesidades. Me pareció muy interesante el ejemplo que dieron: un biberón satisface la necesidad de subsistencia de un bebé, pero la lactancia materna cubre muchas más, como el afecto, la identidad y la protección. Esto me hizo pensar en cómo en diseño, al igual que en este ejemplo, podemos optar por soluciones que solo resuelven lo inmediato o crear propuestas que generen un impacto más amplio y profundo.
Una pregunta que quedó resonando en mi mente tras escuchar el relato de mi compañera fue: “¿Cómo podemos, como diseñadores, intervenir en las decisiones de un cliente para garantizar que el resultado final no solo cumpla con las expectativas del mercado, sino que también satisfaga necesidades más amplias?” Esta pregunta es clave porque define el equilibrio entre nuestra creatividad y nuestra capacidad de adaptación a las demandas externas.
Gracias a esta clase, aunque no estuve presente, pude reflexionar sobre mi rol como diseñador y sobre cómo las dinámicas sociales afectan nuestra práctica profesional. El "juego social" no es un obstáculo, sino una realidad que debemos entender y manejar para encontrar nuestro lugar y aportar valor de manera significativa. Participar en este juego implica reconocer nuestras responsabilidades, nuestras limitaciones, y las posibilidades de transformación que tenemos en cada proyecto. Entender estos conceptos me deja con una sensación de claridad y motivación para seguir creciendo en esta disciplina que tanto me apasiona.
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