Clase 12 | 08.11.24
Y así llegamos a la última clase de Heurística del año, y de nuestras carreras.
En la clase número 12 el tema a tratar fue el del sentido. La búsqueda del sentido, cuán importante es a la hora de tomar una postura frente a determinadas situaciones, porque todos los modos de pensar necesitan de un contexto, de un espacio-tiempo determinado, porque sino no tienen sentido (valga la redundancia).
El eje planteado fue la relación entre los términos sentido - resonancia - pensar.
El mejor ejemplo para entenderlo, y que me resultó muy gracioso e ingenioso, fue el de esos juguetes de los 90/00 que se disparaban aritos dentro de un contenedor con agua y uno tenía que intentar encajarlos en unos palitos. La asociación que se hizo fue la de que el conocimiento rebota contra el resto de las cosas que lo rodean, igual que los aritos, y eventualmente entra. Para llevarlo al campo que conocemos, en diseño nunca sabemos hacia dónde va a disparar un trabajo, a dónde puede llegar una vez que arranca. Se construye a medida que avanza, sufre cambios, correcciones, compartimos opiniones y puntos de vista con compañeros y docentes.
Quizás estamos más acostumbrados, o por lo menos creo que es un método más común, a recibir conocimientos mediante el método “de acopio”. Como si fuera un reloj de arena, el conocimiento baja del docente al alumno, y eventualmente el alumno tiene que devolverle lo dado al docente. Si lo devuelto fue lo mismo que lo dado, probablemente la nota que reciba el alumno sea un 10, en el caso de un examen. Así es el caso general de la primaria e incluso en la secundaria. Nos ofrecen datos, información, hechos que tenemos que incorporar y aceptarlos como ciertos. No porque no lo sean, sino que dadas las circunstancias, no hay mucho lugar al cuestionamiento o al intercambio. Es cierto que se pueden plantear debates o intercambios de opiniones, pero al final de la clase todos nos vamos del aula sabiendo que 2+2 es 4 y que el caballo de San Martín era blanco.
Volviendo a la idea de sentido, podríamos preguntarnos qué es el sentido. Tiene muchísimas acepciones, y de hecho con sólo googlearlo los resultados que ofrece el diccionario son por lo menos 12: habla de expresar un sentimiento, un sinónimo de susceptibilidad, los cinco sentidos, el sentido común, el sentido de deber, el significado de una palabra, la capacidad de interpretaciones de un tema, una tendencia o intención, o incluso la orientación de una calle. El punto es que es una palabra extremadamente amplia y es muy difícil de simplificarla. Un ejemplo que uno de los profesores nos dio en clase fue “¿cuál es el sentido de tu vida?” y por supuesto nos quedamos todos recalculando, porque realmente, ¿acaso alguien sabe cuál es el sentido de su vida?
Podemos pensar en el sentido de lo que hacemos, de lo que producimos, por qué hacemos lo que hacemos, decimos lo que decimos, nos comportamos de la forma en que lo hacemos. Quizás la enseñanza que recibimos intenta moldear o darle sentido a nuestras ideas, no desde una perspectiva reductivista y que todos los pensamientos tengan que entrar en un molde, sino brindarnos las herramientas para que nosotros, de manera personal podamos darle ese sentido. Quiénes somos, tanto como personas como profesionales, es algo que en definitiva elegimos nosotros mismos, quiénes o qué queremos ser. Y en una mínima parte de la existencia, pero que hoy parece inmensa, creo que la vida en la facultad nos ayuda a construirla.
Una pregunta que nos animaron a hacernos fue, ¿cuál es el tu lugar en la FADU? Y creo que parece muy fácil de responder pero también es muy amplio. Podríamos hablar de un lugar literal, físico, como cuando nos pidieron que eligiéramos un lugar cómodo para reflexionar y muchos elegimos salir del aula; con mis amigas, por ejemplo, decidimos salir al patio, porque es un área que nos gusta mucho, es muy agradable y más en ésta época del año. Pero yo considero que la pregunta apunta además a algo más interno, más propio como de lugar de pertenencia.
Ya hemos hablado y tratado en clase el tema de los modelos que se forman, y la comunidad educativa o faduense específicamente, por supuesto que no queda exenta. Mientras lo debatíamos en grupo, yo propuse la idea de que nuestro lugar debe ser algo dinámico, y mantengo mi postura. Personalmente siento el cambio de rol que cumplo en la facultad constantemente, incluso múltiples veces por semana. Por ejemplo, a veces soy la Valentina Estudiante, que viaja a la mañana en transporte público, cansada, y cuando llega corre a imprimir su trabajo para la colgada de la clase esperando una corrección y rogando internamente que la producción esté acorde a los estándares que pretenden los profesores. Otras veces soy la Valentina Ayudante de Cátedra, quien también viaja en transporte público por la mañana, porque esa siempre es una constante en mi vida, y cuando llega tiene la tarea de compartir las cosas que fue aprendiendo a lo largo de los años con estudiantes más jóvenes. Otras veces, y quizás ésta sea la más común, puedo ser la Valentina Compañera, o Amiga, porque constantemente me encuentro compartiendo con mis compañeros de grupo, de cursada, con mis amigas, ya sea en persona o por mensaje, dándonos una mano con algún trabajo, o hablando de temas que nada tienen que ver con la cursada. Es como las Barbies, que siempre es una misma pero con muchas profesiones o identidades, pero que en definitiva construye la historia de la misma muñeca.
A modo de conclusión, el sentido de nuestro paso por la facultad se lo damos nosotros mismos, y no es algo que se pueda planear de antemano, simplemente son cosas que van pasando o circunstancias que se van dando, pero de una forma u otra siempre tenemos la capacidad de decidir qué queremos hacer de nuestra experiencia y al final eso inevitablemente va a repercutir en quiénes somos.
Comentarios
Publicar un comentario