Clase 12 - Joaquin Garcia
Aunque no pude asistir a la última clase de Heurística, una compañera me compartió en detalle lo que ocurrió y me ayudó a entender los temas tratados. Gracias a su relato, puedo escribir sobre esta clase final, en la que el tema central fue la búsqueda del “sentido” y cómo resonamos con lo que vivimos, sentimos y aprendemos, especialmente en el ámbito del diseño.
La teoría comenzó diferenciando dos estilos de enseñanza: el “método de acopio” y el “método de resonancia.” El primero se representa como un reloj de arena donde el conocimiento baja de manera unidireccional, del docente al alumno. En cambio, el método de resonancia, que es el que experimentamos en la FADU, implica un aprendizaje activo y proyectual. Aquí, el conocimiento se construye a través de la experiencia y la interacción, donde creamos, corregimos, y volvemos a intentarlo hasta que finalmente “encaja” en nuestra comprensión. Este modelo es más que solo recibir información; es un proceso en el que el aprendizaje se va formando con el tiempo y con cada intento.
En un momento de la clase, el profesor les propuso escuchar música y escribir lo primero que se les viniera a la mente, sin pensar demasiado en lo que estaban escribiendo. Según lo que me contaron, esta actividad hizo que cada uno conectara con recuerdos y pensamientos profundos, algunos muy personales. Al igual que el diseño, la música actuó como un resonador, un elemento que provocó pensamientos y emociones que tal vez no habrían surgido de otra forma, en una clase “normal”.
Otro aspecto de la clase fue la reflexión sobre el “sentido” en el diseño. Este concepto es esencial porque el diseño es mucho más que crear algo visualmente atractivo; es comunicar un mensaje que tenga significado. En una disciplina donde la imagen es polisémica, como dijo Roland Barthes, “toda imagen es polisémica” y puede tener múltiples interpretaciones según el contexto. Uno de los profesores explicó que en diseño necesitamos que el mensaje que creamos sea claro, pero también que resuene con quien lo observa. Un ejemplo fue un proyecto que realicé, en el que al principio no lograba conectar con el mensaje; solo después de varios ajustes y de encontrarle sentido en mi propia experiencia, el proyecto empezó a tener resonancia tanto para mí como para el público.
Hacia el final de la clase, nos pidieron que reflexionáramos sobre nuestro lugar en la FADU. Esta pregunta los hizo pensar no solo en el espacio físico que ocupan en la facultad, sino en el sentido de pertenencia que construyeron en ella. Para muchos de mis compañeros, y también para mí, la FADU es más que un edificio, es un lugar de crecimiento y descubrimiento personal. Es el lugar donde, además de aprender, formamos amistades y compartimos experiencias que nos definen como personas y como futuros diseñadores. Mi compañera me comentó que esta actividad la hizo recordar las primeras clases, cuando reflexionábamos sobre quiénes somos y cuál es nuestro rol en este espacio. Su reflexión me llevó a darme cuenta de que, aunque no estuve presente, también siento ese sentido de pertenencia y que, de alguna forma, la FADU se convirtió en parte de mi identidad.
Esta última clase, aunque no pude estar presente, me dejó pensando en el verdadero “sentido” de nuestra carrera. El diseño no solo se trata de aprender técnicas o teorías, sino de descubrir quiénes somos y cómo queremos impactar en el mundo a través de nuestro trabajo. La FADU, con su método de enseñanza resonante, nos prepara no solo para ser diseñadores, sino también para ser personas reflexivas, capaces de cuestionar y encontrar sentido en todo lo que hacemos. Agradezco a mi compañera por haberme transmitido tan bien la experiencia de esta última clase, porque me hizo comprender que el sentido de esta etapa no es solo obtener un título, sino también encontrar un propósito en lo que hacemos y quiénes queremos ser como diseñadores.
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