Clase 12 - Victoria Boggon
Última clase de Heurística del año. En esta clase final, el tema central fue la búsqueda del "sentido," y cómo resonamos con lo que vivimos, sentimos y aprendemos. Reflexionamos sobre la relación entre sentido, resonancia y pensamiento, y cómo estos conceptos nos permiten encontrar un significado en aquello que hacemos, especialmente en el diseño, una disciplina donde el propósito y el mensaje son fundamentales.
Nos explicaron la diferencia entre dos estilos de enseñanza: el método de acopio, que se compara con un reloj de arena donde el conocimiento baja del docente al alumno, y el método de resonancia, que implica un proceso de aprendizaje más activo y proyectual. En este segundo método, es el que experimentamos en la FADU, el conocimiento no se da de forma unidireccional, en cambio, es un ida y vuelta constante, donde creamos, corregimos, volvemos a empezar y finalmente comprendemos.
Para ilustrar este concepto, el profesor compartió una metáfora que me hizo mucho sentido: esos juguetes de los 90s donde uno impulsaba aritos en agua y trataba de encajarlos en unas pequeñas trabas. Esos aritos son como ideas y conocimientos que flotan, rebotan y se agitan en nuestra mente hasta que encuentran su lugar y "encajan" en el proceso creativo. En diseño, muchas veces no sabemos hacia dónde va a llegar un proyecto o cómo se va a transformar a lo largo del proceso. Igual que los aritos, las ideas rebotan de un lado a otro: lo que en un momento parece no tener sentido puede terminar alineándose y generando una comprensión más profunda del trabajo.
Es un sistema donde la interacción y la experiencia nos enseñan tanto como el contenido mismo, algo que noté durante mi propio paso por la facultad. Cada proyecto, con sus idas y venidas, con sus aciertos y errores, contribuye a crear un sentido personal que se va construyendo poco a poco, con cada iteración.
Una imagen o un diseño pueden tener múltiples significados y provocar distintas interpretaciones según el contexto. En el ámbito del diseño gráfico, el "sentido" se construye no solo en el mensaje, sino en la manera en que logramos que ese mensaje resuene en quien lo observa. Recuerdo, por ejemplo, un proyecto en el que debía comunicar un mensaje para un público muy específico. Al inicio, no lograba conectar con ese mensaje, lo sentía ajeno. Pero después de varios intentos y de ajustes en mi enfoque, entendí que, si no lograba darle un sentido que resonara primero en mí, difícilmente podría impactar a otros. Fue un recordatorio de que el diseño tiene que "hacer sentido" también a quienes lo crean.
En un momento de la clase, nos pidieron que reflexionáramos sobre cuál es nuestro lugar en la FADU. La pregunta nos llevó a pensar no solo en un lugar físico, como el aula o el patio central, sino en un sentido más interno, en el lugar de pertenencia que construimos en este espacio. Para mí, mi lugar en la FADU va más allá de las aulas, se trata de un proceso de transformación personal. Las conexiones que formé con compañeros y profesores, las largas charlas sobre proyectos y las colaboraciones en equipo, que muchas veces son tediosas pero así y todo forman parte de ese sentido. Este espacio se convirtió en una especie de segunda casa, donde no solo me formo académicamente, sino que descubro quién soy y quién quiero ser como profesional.
Mi lugar en la FADU son las charlas en la cafetería del segundo piso antes de cursar, mi lugar es ese café (de vainilla por supuesto) con el que me esperan mis amigas que hice hace 6 años en el CBC, mi lugar es ese momento en el puente del pantano, en invierno, cuando pega un poco el sol y todo pareciera estar bien, como si no existiera tal crisis por la entrega. Retomando lo que escribí en la primera clase, Yo no sería Yo, sin la FADU.
Una de las actividades que hicimos fue reflexionar sobre el papel de la resonancia en el proceso creativo. Los profesores nos pusieron música, y nos invitaron a escribir sin pensar. En mi caso, fue un ejercicio que me llevó a lugares inesperados: imágenes de mi infancia, recuerdos de amistades que ya no están y sensaciones personales que parecían surgir de la nada. En un punto me recordó a las primeras clases, en donde todo lo llevaba a instancias más personales. La música, como resonante principal, activó pensamientos y emociones que estaban allí, esperando salir a la superficie. Esa experiencia me recordó que, al igual que la música, el diseño también puede evocar emociones y recuerdos en las personas que lo experimentan. En este sentido, el diseño actúa como un "resonador" de pensamientos y emociones, capaz de conectar con los demás de maneras profundas e inesperadas.
Creo que el sentido de nuestro paso por la facultad es algo que vamos construyendo día a día, a través de las experiencias y las relaciones que formamos. Esta última clase, más introspectiva y personal, me dejó pensando en cómo todo lo que vivimos en la facultad, incluso las dificultades y los momentos de incertidumbre, tiene un sentido que va mucho más allá de lo académico. Es un lugar de encuentro con uno mismo y con los demás, donde cada experiencia y cada proyecto contribuyen a formar la persona y el profesional en el que nos estamos convirtiendo. Y al final, el sentido de todo esta “carrera” no es solo lograr un título, sino encontrar quiénes somos y qué queremos aportar en el mundo como diseñadores.
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