Clase 12 l Grupo 12

En esta clase retomamos el eje conceptual que veníamos tratando de sentido - resonancia - pensar. ¿Qué es el sentido? nos preguntaron. Hay muchas formas de responder a esa pregunta, porque la palabra es amplísima. Podemos hablar de la búsqueda de sentido, del sentido de una palabra, del sentido de orientación, del sentido de la vida, de los cinco sentidos… podríamos seguir enumerando. Sin resonancia es muy difícil que haya sentido, que exista una búsqueda.


Además, otro tema que fue debatido en clase fueron los distintos tipos de enseñanzas. Por un lado, está la enseñanza por acopio, es decir, por acumulación. Es quizás más común en niveles escolares, como la primaria o la secundaria, donde el docente va llenando de conocimiento al alumno, porque se cree que este suele “venir vacío”, y es tarea del profesor “llenarlo” de información. El ejemplo se puede graficar como un reloj de arena, donde el docente representa la parte de arriba del reloj, y al caer la arena es cómo baja la información. El profesor le da al alumno el conocimiento, y eventualmente se espera del estudiante que devuelva lo aprendido al docente. Si lo devuelto es lo mismo que lo que fue dado, lo más probable es que el resultado que obtenga, por ejemplo, en el examen, sea 10.


Por otro lado, está la enseñanza por resonancia. El ejemplo que nos dieron fue el de ese jueguito que era común en los años 90 o 2000, que estaba lleno de agua y con unos botoncitos se iban empujando distintos aritos que tenían que encajar en unos palitos. ¿Cómo funciona el modelo de representación? El conocimiento rebota como los aritos contra el resto de las cosas hasta que eventualmente entra donde corresponde. Por ejemplo, en el área de diseño no sabemos cómo o dónde va a terminar el proyecto cuando recién comienza, se va construyendo a medida que avanza, que compartimos opiniones y puntos de vista con compañeros, o que nuestros docentes nos corrigen. 


Luego de toda esta charla teórica, nos hicieron separarnos entre nosotros y que cerremos los ojos, para poder dejarnos llevar por el sonido que estaban haciendo en clase. Entre todos nos dejamos fluir por las melodías y los sonidos que provoca una resonancia dentro nuestro, algunos los llevaba a otro lado, podemos decir que fue un viaje a través del sentido y que nos dejó resonando, pero luego de que termine cada melodía, nos pusimos a escribir, pero la consigna era sin pensar, ¿Pero se puede escribir sin pensar? o más bien ¿Cómo se escribe sin pensar? Fue una forma lúdica de dejarnos llevar por lo que nos dejó resonando esa melodía en la mente y escribimos lo primero que se nos venía a la mente. 


Pasamos por esta actividad tres veces más y en cada una de ellas siempre salieron palabras y sensaciones distintas, y te transmite cosas diferentes una de otras, así también con cada uno de nosotros. Algunos escribían palabras claves al azar, otros redactaban algo que le hizo recordar la melodía. Esto quiere decir que una melodía para cada uno de nosotros puede provocar distintos sentidos en cada persona, pero la media siempre va a ser la misma, eso habla mucho la forma de pensar y de asociar cada uno, qué criterios o valores tenemos cada uno de nosotros.



En un momento de la clase nos pidieron que vayamos a algún lugar de la facultad a reflexionar de forma individual, podíamos estar acompañados o no, y que el lugar que eligiéramos era totalmente libre. La mayoría de los estudiantes eligieron dejar el aula, pero hubo una pequeña minoría que quiso quedarse en sus lugares.

Al volver, vimos que había una frase escrita en el pizarrón: “¿Cuál es tu lugar en la FADU?”. Entonces nos pusimos a debatir al respecto, y esto fue lo que conseguimos pasar en limpio:


Nuestro lugar en FADU


El lugar que ocupamos es antitético. Por un lado, sólido, tangible, cerrado y por otro blando, intangible, abierto. Es incertidumbre y certidumbre. Teórica y práctica. Nuestra esencia como personas está definida, pero nos adaptamos a las circunstancias. Nuestro lugar en la FADU implica una identidad adaptable, cambiante. Nos atraviesa y reforma. Lo individual se vuelve a la comunidad. Lo colectivo nos hace unidad. Lo que hacemos y la forma en que lo hacemos construye nuestro lugar, y ese lugar es la FADU, toda la FADU.


El sentido no se da, se construye, se siente, se encuentra en el eco de lo que nos transforma. La enseñanza se abre en dos caminos: uno de acopio, donde lo dado se devuelve sin cambio, y otro de resonancia, donde el aprendizaje rebota, se desliza, hasta anidar en nosotros y tomar nuevas formas. La música nos llevó a ese espacio íntimo, donde cada sonido nos susurraba algo distinto, un viaje hacia dentro, dejando palabras sueltas, emociones fugaces que tomaron vida en el papel. Al final, nuestro lugar en la FADU apareció como un reflejo de esa misma resonancia: un espacio que es a la vez sólido y etéreo, donde lo individual se funde con lo colectivo, y nuestra identidad se adapta, se rehace, siempre en búsqueda, siempre en transformación.


Firmas:

Valentina Ciancio

Marisol Chen

Daniel Trujillo

Isabel Ochoa

Victoria Boggon
Joaquin García
Carmela Vazquez




(PD: video recopilatorio de todas las clases.)



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